martes, 23 de febrero de 2016

Mi primera Maratón


Soy de los que creen que al menos una vez en la vida de todo corredor popular, hay que hacer una maratón. Esos míticos 42195 metros que te bautizan como maratoniano te confirmarán el amor por este deporte o harán que lo odies (al menos por un tiempo). ¿Que sentimiento habrá despertado en mí tras finalizar la prueba? Esta es mi crónica:

No soy de los que preparan las pruebas con entrenamientos técnicos ni específicos, simplemente, busco una prueba que me guste, me apunto y en función del tiempo que quede entreno más la modalidad. Con la maratón de Sevilla llevaba apuntado casi un año, motivado tras el debut de varios compañeros del club. No ha sido hasta Octubre del año pasado cuando empecé a meter las tiradas largas los fines de semana ( Entre 20 y 28 kms de media) y pocas de ellas por asfalto, donde solía probar en mi salida de los Miércoles y no más de 10 kms.

El reto estaba servido y la motivación era fuerte, al contrario que en otras pruebas, en esta estaba ilusionado, nada nervioso. Era mi primera maratón y no tenía presiones de mejorar marca, tan solo disfrutarla, ver como era el famoso muro y si podía, bajar de las 4 horas.


El día anterior fui a Sevilla, me hospedé en un apartahotel muy cercano al Fibe, lugar donde se celebraba la feria del corredor y donde, tras recoger el dorsal, hice un cambio de cajón acreditando mi anterior marca en la media maratón de Córdoba. Después me encontré con mi compañero de club Francisco Palomo, un fiera que repetía después de participar el año anterior y que estaba acompañado por Claudio de Triatlon Mezquita, un bicharraco que el año pasado ganó el trail de la Guzman. Tras las fotos de rigor, ellos se dirigen a su hostal y yo me quedo pululando por la feria, había muy buen ambiente.

En mitad de una entrevista a Martin Fiz


Esta vez, quería hacer bien las cosas, era una constante en mis ultimas carreras el acarrear problemas intestinales y sobre todo algo muy molesto, las ganas de orinar durante la carrera. Fui muy estricto con los horarios, a las 21:00 ya estaba cenando (un plato de ensalada de pasta, 2 rebanadas de pan y 2 lonchas de jamón) y a las 22:00 a la cama.

Bolsa del corredor

Pude dormir correctamente a pesar de que empezaran a aparecer los nervios del corredor. A las 6 ya sonó el despertador, lo primero que hice fue desayunar para dejar un margen de 3 horas entre el inicio de la prueba y la ingesta del desayuno y así evitar problemas digestivo y urinarios. Sobre las 7 me dirigí al estadio, aparcando al lado del apeadero de Renfe, el cual estaba habilitado para tal fin. Media Sevilla iba a estar cortada y si hubiera aparcado en el parking del estadio, probablemente hasta las 3 no hubiera podido salir, por lo menos, eso indicaba la revista oficial.

Como llegué temprano y la mañana estaba fresquita, me quedé en el coche haciendo tiempo, sobre las 8 salí para terminar de evacuar, sobre las 8:30 me tomé mi píldora electrolítica y puse rumbo hacia el cajón de salida.

En mi cinturón llevaba 3 barritas de frutas, un gel con cafeina (que no pude probar previamente y que cogí como último recurso), pañuelos, otra píldora de sales minerales y el teléfono.
En mis pies, las Merrell Bare Access 4, zapatillas minimalistas de drop 0 y sin amortiguación, llevo corriendo minimalista desde hace 2 años, y mi gran duda es que si, con unas zapatillas de dichas características, podía terminar un maratón, al menos, dignamente.

Muy buen ambiente el previo a la carrera, con muchos corredores extranjeros, sobre todo de Holanda, Portugal e Italia. Me sorprendió ver como a escasos minutos de dar la salida, muchísimos corredores se deshacían de sus prendas de vestir que usaban para resguardarse del frio mañanero, y las tiraban (literalmente) fuera de los cajones. Leí en la revista oficial que había una ONG que se encargaba de recuperarlas para buenas causas, si es así, tienen para vestir a media Sevilla.

Se dio la salida a ritmo de AC/DC y empieza la carrera, el reto, la aventura, da igual como llamarlo, pero estaba esperando con ansias aquel momento. Mi estrategia de carrera la tenía clara, intentar ir sobre 5:00/km . Teniendo en cuenta mi ritmo en Media Maratón, a esa velocidad me debería encontrar cómodo durante bastante tiempo.

Con la cantidad de gente que había tampoco es que pudiese ir mas rápido, de echo me vino bien para controlarme, que ya nos conocemos...

Los primeros 8 kilómetros pasaron volando, a partir del km 5 había avituallamiento liquido cada 2,5 km y en cada uno de ellos procuraba beber agua, solo agua. 
Pronto nos dimos cuenta todos los corredores que había unos 100 metros de más en la señalización de los puntos kilométricos. Ya lo ajustarán más adelante, pensé.

Desde los primeros kilómetros Sevilla se alzó a la calle para animarnos, no recuerdo ningún tramo donde no hubiera gente. Aquello era una fiesta. Yo procuraba seguir el ritmo que llevaba, lo estaba haciendo bien y sabía que a partir del kilómetro 24 empezaba un camino desconocido para mí en asfalto y que a partir del 30, donde estaba el muro, el tío del mazo o como quieran llamarlo, es cuando empezaba la verdadera carrera.

En el kilómetro 13 empecé a notar molestias en mi pie malo, bastante mosqueado por lo pronto del percance y sin saber como iba a evolucionar con el paso de los kilómetros, empece a gestionar mi pisada para ir aliviándolo.

En el km 17, ya cerca de la media maratón empezaron bastantes corredores a ponerse a andar, me llamó la atención que muchos tenían dorsales con lugares preferentes en el cajón de salida.

Y pasé la media maratón y ya solo quedaba la mitad de la carrera, el dolor del pié estaba ahí pero no iba a mas, ahora solo quedaba llegar al 30 y comprobar si lo que dicen es cierto.

Para no quedarme sin fuerzas, a partir de la hora, cada 15 minutos le daba un bocado a la barrita energética, fui bastante meticuloso con la hidratación y la comida. 

Pasadas las 2 horas en el avituallamiento del kilómetro 25 me tomé la segunda píldora para evitar los calambres y a por el kilómetro 30.

Los dolores en el pie menguaron, ya casi no eran perceptibles. 

Y llegamos al kilómetro 30, a partir de aquí estaba el muro que podía aparecer en cualquier momento, me hago un autoanalisis para ver como voy. Noto que los cuadriceps empiezan a estar cansados.

La próxima meta era llegar al kilómetro 32 para así decir... ¡¡Ey, vamos, que queda solo una popular!!


A partir de aquí la carrera se volvió mas bonita e intensa, con el paso por el parque Maria Luisa, después de una interminable avenida recta. La impresionante plaza España, la Catedral... 
No me topé con el muro tal como dicen, yo lo llamaría mas bien la escalera, a cada kilómetro, mi velocidad iba menguando por mucho que quisiera mantenerla. No sabía que me iba a encontrar despues, por lo que decidí no sobreesforzarme y disfrutar de la carrera, del ambiente, de las vistas, de saborear los últimos kilómetros. Sin embargo, el tío del mazo estuvo trabajando duro dejando en la estacada a cientos de corredores (literalmente, en los 5 últimos kilómetros adelanté a unos 400 corredores y eso que iba afectado)


Kilómetro 40 y el reto estaba a punto de materializarse, ya empezaba a emocionarme viéndome pasar por la línea de meta. 
Último avituallamiento y a por el estadio. La piel de gallina entrando a éste, la gente ya emocionada y miro el reloj. Según mi TOMTOM, llevaba 3:43, podía intentar bajar de 3:45, iba a estar dificil por la distancia y el cansancio que llevaba, pero eché el resto. Encarando la recta final ya ví que había llegado a las 4:45, no ha podido ser, así que a disfrutar de la llegada. Alzo los brazos al cielo y me emociono al pensar en lo que he logrado y en la gente que tengo a mi lado. Ya está, ya estaba hecho.


Me dirijo buscando los plásticos que repartían para mantener el calor y al girarme me encuentro con mi compi Palomo, había llegado justo detrás de mí y había rebajado en casi 15 minutos su mejor tiempo en media maratón. ¡Enhorabuena crack!

Hablamos un poco sobre la carrera y sale de camino al hotel (el pobre tuvo que meterse otros 5 km debido al nulo transporte público existente en las inmediaciones). Yo me quedo sentando en el suelo, saboreando el momento, observando a la gente de alrededor, informando a mi gente y estirando un poco. Cuando creo que ya ha sido suficientemente le pido ayuda a un voluntario para incorporarme (sentarme en el suelo había sido todo una odisea, así que no quería imaginar como sería levantarme por mis propios medios) y pongo camino al coche por el túnel de salida del estadio, reponiendome con los refrescos y aperitivos que nos iban dando.
Durante el eterno trayecto hasta salir del estadio no puedo mas que observar y pensar que lo que estaba viendo era lo mas parecido a The walking Dead que había visto en la realidad. 

Llego al coche, me acicalo y rumbo a meternos unas pizzas para dar por finalizada esta aventura.

Como dije en twitter, vendrán muchas más, pero ninguna será como la primera.

Victor M. Revaliente



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